HERMANAS MARYKNOLL Y MISIONEROS LAICOS MARYKNOLL EN BRASIL LIDERAN UN PROGRAMA PARA REDUCIR LA ANSIEDAD Y PREVENIR LA VIOLENCIA EN ESCUELAS PÚBLICAS
Aquí, en la ciudad costera de João Pessoa en el noreste de Brasil, Camile, una niña de 10 años que cursa el quinto grado, perdió a su madre y a su abuela en menos de una semana. Camile siempre había sido una buena estudiante, pero sus notas bajaron y empezó a mostrar mal comportamiento en el aula.
Afortunadamente, Camile asiste a una de las 10 escuelas públicas donde los misioneros Maryknoll y socios locales ofrecen clases semanales para estudiantes con dificultades. Tras cinco semanas en el programa, la psicóloga de la escuela dijo que la concentración y el comportamiento de Camile habían mejorado.
“Apoyamos a los estudiantes, permitiéndoles experimentar una cultura de paz entre ellos y fuera del aula”, dice la Hermana Maryknoll Euphrasia “Efu” Nyaki.
La iniciativa para crear una cultura de paz comenzó hace tres años cuando Danielle Ventura, directora de una escuela local, se acercó al Centro de Salud Holística AFYA (que significa salud en suajili) para Mujeres, cofundado por la Hermana Nyaki y la fallecida Hermana Maryknoll Connie Pospisil. Ventura había notado un aumento en casos de conflictos, destrucción de propiedad, autolesiones e ideación suicida. Solicitó un proyecto piloto para ayudar a los estudiantes a enfrentar el estrés y el trauma.
Dado que he trabajado en salud holística por más de 30 años junto con mi esposo Flávio José Rocha, también misionero laico Maryknoll, estuve dispuesta a ayudar. Junto con el personal del centro, lanzamos AFYA en Acción en las Escuelas Públicas, un proyecto destinado a reducir la violencia y construir una cultura de paz en barrios marginales.
Según la Organización Mundial de la Salud, incluso antes de la pandemia del COVID-19, Brasil era uno de los países con las tasas más altas de ansiedad y depresión del mundo. La salud mental empeoró debido a la pandemia, especialmente entre los jóvenes. Al regresar al aula tras la cuarentena, los estudiantes tuvieron dificultades para regular sus emociones y llevarse bien con sus compañeros. Algunas estudiantes recurrieron a cortarse, una práctica dañina que utilizan para soportar sentimientos que les resultan incontrolables.
Empezamos con ejercicios sencillos para mejorar la concentración y reducir la ansiedad. “Después de los talleres de AFYA, vi que los estudiantes aprendían a autorregularse en momentos de crisis mediante ejercicios de respiración”, dice Ventura. “El número de episodios de ansiedad en las clases a donde llegó el proyecto disminuyó significativamente
El misionero laico Maryknoll Flávio José Rocha enseña técnicas para manejar emociones a un grupo de jóvenes en una de las 10 escuelas del programa. (Cortesía de Kathleen Bond/Brasil)
La Hermana Nyaki señaló que otro problema de comportamiento iba en aumento: tanto niños como niñas se involucraban con frecuencia en conflictos.
“La violencia suele tener su raíz en traumas no resueltos”, dice. “Si realmente estamos comprometidos a construir una cultura de paz, primero debemos crear espacios donde las heridas de la vida puedan ser reconocidas y sanadas”.
Para crear esos espacios, AFYA en Acción en Escuelas Públicas atiende a más de 5.000 estudiantes y profesionales en barrios aledaños al centro de AFYA y en la zona metropolitana de João Pessoa. Nuestras clases semanales alcanzan a aproximadamente 400 estudiantes, desde tercer hasta noveno grado.
Flávio, que ha trabajado con grupos del Teatro del Oprimido durante más de 20 años, dice: “Ayudar a los chicos a manejar su ira de forma positiva es uno de los beneficios de nuestros talleres”.
Un ejercicio que él enseña se llama “exprimir el limón”. “Invito a los chicos a apretar las manos durante cinco segundos mientras piensan en algo que les haya enfadado”, explica, “y luego abren las manos lentamente durante 10 segundos”. Esta práctica, dice, “calma la mente y ayuda a los chicos a manejar mejor sus emociones”.
Las actividades relacionadas con la naturaleza, como imitar los sonidos y los movimientos de los animales, son especialmente populares entre los niños. La “respiración mariposa”, por ejemplo, combina movimientos lentos y alternos de las manos con respiraciones profundas.
En Joacil Brito, Bond trabaja con niñas en una sesión en grupo liderada por misioneros laicos y el personal de AFYA. ( (Cortesía de Kathleen Bond/Brasil)
“Los estudiantes del proyecto han mejorado su comportamiento dentro y fuera del aula, además de tener un mejor rendimiento académico”, dice Gerlande Lima, psicóloga de la escuela primaria Joacil Brito. “Un estudiante se metía constantemente en peleas. Después de participar en las sesiones semanales, ha evitado pelear y se ha centrado más en sus estudios. Cuando ve conflictos durante el recreo, a menudo comparte con sus compañeros las técnicas de respiración y meditación que ha aprendido”.
Además de las clases semanales, el segundo pilar de nuestro proyecto son las sesiones mensuales de formación para 25 a 30 miembros del personal escolar. Les enseñamos los métodos que usamos para que puedan convertirse en replicadores y usarlos en sus respectivas escuelas.
Uno de los momentos destacados del curso escolar —y el tercer pilar del programa— es la visita anual del colegio al centro AFYA. Cada una de las 10 escuelas envía un autobús de 25 estudiantes y adultos acompañantes para un recorrido por los huertos de hierbas medicinales y para aprender sobre sanación holística, cuidado de la tierra y dietas saludables. Una de las cosas más comentadas son los brownies AFYA, hechos con frijoles negros, plátanos, avena y jugo de col y piña. Durante las visitas, estudiantes y personal comparten cómo aplican las técnicas del programa.
“Después de empezar a participar en los talleres, empecé a sentirme mejor”, dice María da Silva, una estudiante de 14 años del colegio estatal Deputado Arnaldo. “Con las técnicas para lidiar con el estrés y la ansiedad, he aprendido a vivir de una manera nueva”.
Bruna Ferreira es miembro del personal de AFYA y cofacilita los talleres en el colegio Deputado Arnaldo.
Kathleen Bond, que ha servido en Brasil por más de tres décadas, pone en práctica el compromiso de los Misioneros Laicos Maryknoll al inculcar a los más jóvenes la no violencia. (Cortesía de Kathleen Bond/Brasil)
“María mejoró mucho durante el año. Al principio era callada”, dice. “Poco a poco se abrió. Antes casi nunca sonreía, y hasta eso cambió”. Con el apoyo que recibió María, dice Ferreira, encontró el valor para revelar su sufrimiento como víctima de la violencia.
El cuarto pilar del programa se ofrece en el centro a nivel individual para niños que han sufrido traumas profundos.
Terapeutas formados en AFYA imparten sesiones de experiencia somática, una terapia desarrollada por el doctor Peter Levine para ayudar a las personas a regular sus sistemas nerviosos. Al trabajar con sensaciones corporales, el método busca “completar” las respuestas a traumas pasados que quedaron inconclusos o “fijos”. Esto les permite superar experiencias que los hicieron sentir emocionalmente heridos, enfadados o temerosos.
La Hermana Nyaki, que imparte talleres sobre trauma en todo el mundo, dice: “En los más de 25 años que he trabajado en la sanación del trauma, me he encontrado con hombres, mujeres y niños que han expresado su dolor no sanado a través de reacciones violentas hacia otros. Al tener la oportunidad de sanar, su comportamiento cambió”. Añade que esto les permite “cultivar conexión, empatía y relaciones pacíficas dentro de sus comunidades”.
Este verano, mientras los Misioneros Laicos Maryknoll celebran 50 años de servicio misionero en Brasil, enseñar prácticas de no violencia y salud mental es una forma adecuada de avanzar hacia el futuro.
La joven María dice que compartirá estas lecciones con otros. “Estoy ayudando a mi abuela, que toma medicamentos para los nervios, a respirar hondo y hacer los ejercicios”, dice. “Gracias por enseñarnos tantas cosas buenas para nuestra salud”.
Imagen destacada: La misionera laica Maryknoll Kathleen Bond, las Hermanas Maryknoll Azucena San Pedro y Euphrasia «Efu» Nyaki y miembros del personal Bruna Ferreira y Mylenna Kerolin reciben a un grupo de estudiantes en el Centro de Salud Holística AFYA en João Pessoa, Brasil. (Cortesía de Kathleen Bond/Brasil)
