Relatos Misioneros Primavera 2026

Tiempo de lectura: 4 minutos
Por: Misioneros Maryknoll
Fecha de Publicación: Mar 2, 2026

Durante mi preparación para el sacerdocio en Cochabamba, Bolivia, a menudo caminaba desde nuestra casa de formación hasta la catedral para la Misa de las 7 a.m. Llegué a conocer a varios vendedores ambulantes en el camino.

Había una señora que vendía empanadas deliciosas. Otros vendían artículos cotidianos en puestos improvisados y tienditas a ambos lados de las calles.

Me di cuenta de algo curioso. Cuando dos personas o más estaban en un puesto y yo pasaba por ahí, una le daba un ligero pellizco a la otra y susurraba algo. Esto ocurría con evidente regularidad. Se lo mencioné a mi profesor de lenguas quien me explicó que lo que se susurraban era “suerte para ti”. Aprendí que esto se hace cuando se ve pasar a una persona descendiente de africanos.

Había algo espiritual en esta respuesta cultural boliviana a aquellos que son diferentes. Comprendí que estaba transitando por el jardín espiritual de un pueblo.

John Siyumbu, M.M.

C onocí a Francis cuando servía en misión en Mwanza, Tanzania, a través de nuestro ministerio para personas con sida. Él había dejado un buen trabajo en la policía después de contraer VIH. Su madre nos contactó. Su dolor se multiplicaba tres veces: Francis era su tercer hijo seropositivo.

Francis no era católico practicante, pero empezó a recibir los sacramentos de nuevo. Lo visitábamos e íbamos con él al hospital a seis millas de distancia. De repente se infectó con un hongo resistente a la medicina que lo postró en la cama.

Un día me dijo: “Sé que Jesús sufrió durante su crucifixión, pero mi enfermedad me ha causado un terrible dolor. ¿Por qué sucede esto?”

No sabemos el porqué, pero confiando en el amor de Dios, Francis soportó hasta que murió. Él es un ejemplo de aquel que, aun albergando preguntas sin respuesta, pudo confiar en que el Señor “afianzó mis pies sobre la roca y afirmó mis pasos” (Salmo 40, 3).

Veronica Schweyen, M.M.

Feligreses rezando en una parroquia de Maryknoll en Manatini, Mwanza, Tanzania. (Nile Sprague/Tanzania)

Feligreses rezando en una parroquia de Maryknoll en Manatini, Mwanza, Tanzania. (Nile Sprague/Tanzania)

Sirvo en un programa llamado Deaf Development Programme (DDP) en Phnom Pehn, Camboya, que capacita a jóvenes sordos. Cada estudiante trae sus propios dones y poco a poco ven sus sueños tomar forma.

SreyVin, de 19 años, había superado varios obstáculos. De niña su padre la abandonó por ser sorda. Para él, ella no era una hija de la que quería hacerse cargo. SreyVin y su madre tuvieron que encontrar cómo sostenerse.

Después de una educación básica y su capacitación en DDP, SreyVin se registró para nuestra escuela de belleza. La clase se enfocó en manicura y lavado y alisado de pelo. Ella fue ganando confianza y avanzó a cortar pelo. Ella dice que ahora tiene esperanza en el futuro y planea abrir un salón.

Es mi oración que más jóvenes sordos puedan completar nuestro curso básico, continuar con la capacitación y encontrar un camino que les permita sostenerse a sí mismos y a sus familias por muchos años.

Julie Lawler, MKLM

Una joven se capacita en un programa llamado<br />

Una joven sorda se capacita en un programa llamado Deaf Development Programme (DDP) en Phnom Pehn, Camboya. (Cortesía de Deaf Development Programme/Camboya) 

Cuando servía en misión en Tanzania, era capellán de la universidad nacional en Dar es Salaam. Había un hospital y un barrio marginal no muy lejos de ahí. Hubo un rumor de que el Padre Mike ayudaba a la gente, porque muchas personas llegaban a mi puerta. Con el rumor de que el Padre Mike hacía muchas preguntas y no siempre daba ayuda financiera, el número se redujo.

Sin embargo, un día una mujer seropositiva me visitó. Sus hijos y su esposo habían fallecido. No tenía dinero para regresar a casa de sus padres a cerca de 900 millas de distancia. Se llamaba Rehema, que traducido significa “compasión”.

Le di 50.000 chelines tanzanos ($50 dólares). Llorando, Rehema extendió su mano y se arrodilló. Tomé su mano con las mías y rezamos por un buen viaje a casa. Me di cuenta de que había estado en la presencia de Dios. Jesús había venido a mí en Rehema a pedirme que jamás endurezca mi corazón cuando los necesitados vengan a mí.

Michael J. Snyder, M.M.

El Padre Maryknoll Michael Snyder rodeado de estudiantes de la<br />

El Padre Maryknoll Michael Snyder rodeado de estudiantes de la universidad nacional en Dar es Salaam. (Cortesía de Michael Snyder, M.M./Tanzania)

Imagen destacada: Una mujer vende vegetales en la cancha, un mercado informal en Cochabamba, Bolivia. (Nile Sprague/Bolivia)

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