La hermandad misionera de Maryknoll es una vocación y un testimonio sin complicaciones, en respuesta al llamado de Dios a la misión. El hermano está llamado a ser un hombre de oración, comunidad, servicio, ministerio y hospitalidad. Los hermanos suelen recurrir a la lectura del Evangelio en la que Jesús lava los pies a sus discípulos como fundamento claro y punto de referencia del carisma del hermano misionero.
“Tomando una toalla, se la ató a la cintura. Luego, echó agua a un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla […] Les dijo: ‘¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? […] Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.”, (Juan 13, 4-5, 12-14).
La historia del Evangelio sucede durante una comida, en comunidad y en el abrazo de la oración. Jesús, nuestro hermano, demuestra la profundidad de su ministerio de servicio al lavar los pies. Continúa diciendo: “Les he dado ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” (Juan 13,15). Un hermano misionero responde con su vida a este llamado.
Durante más de cinco décadas de servicio a los demás, el Hermano Maryknoll Wayne Fitzpatrick ha respondido al llamado de Jesús de ser un hermano para todos. (Pat Goudvis/Guatemala)
Una vez visité a mi familia en el norte de Nueva York. Mi sobrino, Kyle, estaba con dos amigos del colegio. Me presentó como su “tío Wayne el Hermano”. Por sus expresiones, me di cuenta de que sus amigos no tenían ni idea de lo que eso significaba.
Kyle comenzó a hablarles de su experiencia con el tío Wayne el Hermano. Les explicó de una manera muy práctica y realista en qué consistía la vocación misionera de su tío. Con sus propias palabras, expresó la importancia de la oración, el servicio, la comunidad y la hospitalidad. Kyle terminó diciendo: “Mi tío Wayne el Hermano es un misionero que reza, vive con otros misioneros y ayuda a los necesitados, especialmente a los pobres”. Sus dos amigos asintieron y dijeron: “Está bien, ahora lo entendemos”.
Como Hermano Maryknoll, creo que mi vocación es invitar a otros a establecer una relación con Jesús, nuestro hermano. Decir a los demás: “Bienvenido, siéntete como en casa” y pasar tiempo con alguien que está desanimado o atravesando dificultades. Esto, creo, es una invitación a compartir la hospitalidad del corazón y del espíritu. Esta es la vocación y el testimonio sencillo de un hermano.
Imagen destacada: El Hermano Maryknoll Wayne Fitzpatrick en la sede central de Maryknoll en Ossining, Nueva York en 2026. (Robyn Ivy/EE. UU.)
