Dando Frutos en África

Tiempo de lectura: 6 minutos
Por: Paul Jeffrey
Fecha de Publicación: Jun 1, 2026

JÓVENES AFRICANOS COMIENZAN SU CAMINO HACIA EL SACERDOCIO MISIONERO EN LA CASA MARYKNOLL DE NAIRIBI

Cuando Michael Clement crecía en una parroquia católica de Tanzania fundada por sacerdotes Maryknoll, los misioneros estadounidenses ya se habían marchado hacía mucho tiempo a nuevas misiones. Lo que Clement sabía de ellos lo había aprendido de gastadas copias de la revista Maryknoll. 

“En esas viejas revistas vi el carisma de personas que encontraron a Cristo trabajando con los pobres”, dice. “Yo también quería hacer eso”. 

Clement completó sus estudios en el seminario menor diocesano —equivalente a la preparatoria— y continuó en la universidad. A medida que se acercaba la graduación, su deseo de convertirse en sacerdote seguía presente. 

Recordando esas antiguas revistas, se acercó a Maryknoll y se unió a un programa de educación pastoral clínica dirigido por Maryknoll en el Hospital Bugando, en Mwanza. Ese fue su primer paso formal para convertirse en sacerdote Maryknoll, una vocación que antes se limitaba solo a residentes de Estados Unidos. 

“Maryknoll está cambiando”, dice Clement. “Lo que sembraron los misioneros mucho antes de que yo naciera hoy está dando frutos en África”.

Clement ahora vive en la Casa de Formación Maryknoll en Nairobi, Kenia, donde él y más de una docena de jóvenes africanos disciernen su vocación al sacerdocio a través del estudio, la oración, el trabajo manual y la labor pastoral, que abarca desde la capellanía hospitalaria hasta el acompañamiento de familias sin hogar.

“Hace décadas Maryknoll envió a misioneros de los Estados Unidos a los cuatro rincones del mundo a proclamar el Evangelio a personas que no necesariamente lo habían escuchado”, dice el Padre John Waldrep, director de la casa de Nairobi. “Ahora la situación es distinta”.

Clement y otros cinco jóvenes forman parte del programa introductorio de discernimiento de Maryknoll, mientras que otros siete jóvenes que residen en la casa de formación han avanzado más en su trayecto como seminaristas. Su siguiente paso será ir a Chicago para continuar su formación.

Los jóvenes estudian filosofía por tres años en Tangaza University, un campus católico de Nairobi que atrae a estudiantes de 45 países para prepararse para las vocaciones religiosas en una amplia variedad de órdenes y congregaciones católicas. 

El candidato Alois Simpilisi visita a un niño en el hospital St. Francis Community en Nairobi, Kenia, donde es capellán como parte de su ministerio pastoral y de discernimiento. (Paul Jeffrey/Tanzania)

El candidato Alois Simpilisi visita a un niño en el hospital St. Francis Community en Nairobi, Kenia, donde es capellán como parte de su ministerio pastoral y de discernimiento. (Paul Jeffrey/Tanzania)

El rector de Tangaza, el Padre espiritano Patrick Mwania, afirma que Maryknoll ha desempeñado un papel fundamental en “hacer que la fe cristiana se sienta en casa dentro de la cultura y las tradiciones africanas”. Habla por experiencia: después de obtener un doctorado en Teología en Europa, regresó a su Kenia natal y se matriculó en el Maryknoll Institute of African Studies (Instituto Maryknoll de Estudios Africanos), ubicado en Tangaza.

Lo que aprendió allí, dice el Padre Mwania, le permitió ver cómo “la teología debe encarnarse en África, sentando la cultura como base tanto de una buena teología como de un ministerio pastoral eficaz”.

El Padre Mwania afirma que quienes se preparan para las vocaciones eclesiásticas en Tangaza servirán a una Iglesia cada vez más orientada a los laicos y más abierta al contexto.

“En lugar de la típica jerarquía piramidal con el sacerdote en la cima y los demás debajo, la Iglesia de hoy en día celebra la sinodalidad. Las comunidades eclesiales de base están revitalizando la Iglesia desde la raíz”, dice el Padre Mwania. “En los encuentros con personas de otras religiones estamos desarrollando valores que todos cultivamos juntos”.

El Padre Joseph Ouma Oindo, sacerdote diocesano y director de investigación en Tangaza, ayuda a seleccionar y supervisar a los seminaristas Maryknoll que estudian en Nairobi. “No solo nos fijamos en su rendimiento académico”, dice. “¿Están también creciendo espiritualmente, participando en los ejercicios espirituales de la casa? ¿Están creciendo en la experiencia pastoral que se les ha asignado?”

Los jóvenes en discernimiento “deben amar a las personas”, añade. “¿Están llamados a evangelizar tanto a los ricos como a los pobres? ¿Pueden ayudar a unificar la sociedad? ¿Pueden superar el tribalismo?”

El Padre Ouma dice que ha observado una transición a lo largo de la última década, desde que los Padres y Hermanos Maryknoll comenzaron a admitir a candidatos de los lugares de misión.

Para su experiencia pastoral, los candidatos Frederick Richard Luhende (izq.) y Babluu Ekama Kyamba (dcha.) visitan a pacientes en el hospital St. Francis Community en Nairobi, Kenia. (Paul Jeffrey/Tanzania)

Para su experiencia pastoral, los candidatos Frederick Richard Luhende (izq.) y Babluu Ekama Kyamba (dcha.) visitan a pacientes en el hospital St. Francis Community en Nairobi, Kenia. (Paul Jeffrey/Tanzania))

“La Casa Maryknoll estaba silenciosa y se sentía vacía. La mayoría de sacerdotes Maryknoll de mayor edad se habían jubilado y habían regresado a Estados Unidos”, dice. “Entonces llegaron los africanos y trajeron consigo nueva vida”. Ahora, señala, “hay una nueva generación de sacerdotes Maryknoll muy apasionados, jóvenes que quieren llevar a Maryknoll a otro nivel”.

Elwin Majungu Mlimira es otro residente de la casa de Nairobi. Él y otro seminarista ya han terminado sus tres años de discernimiento y preparación, pero están esperando sus visados para ingresar a Estados Unidos y continuar sus estudios en el programa del seminario Maryknoll en Chicago.

Al igual que Clement, Mlimira creció en Tanzania, donde asistió a una escuela primaria construida por misioneros extranjeros.

“Los padres Maryknoll vinieron desde lejos para compartir nuestras dificultades porque nos veían como seres humanos. Vinieron a formar al clero y a los catequistas locales para que los africanos pudiéramos dirigir nuestras propias parroquias”, dice. “Una vez que la parroquia podía mantenerse por sí misma, se trasladaban a otro lugar. Ahora es momento de que los africanos hagamos lo mismo”.

Cuando Mlimira supo por primera vez de Maryknoll, cuenta, la Sociedad no aceptaba candidatos locales. Recuerda el impacto que le causó ver en el altar al Padre John Siyumbu, el primer africano ordenado sacerdote Maryknoll. “Estaba allí cuando regresó a Kenia y celebró su primera Misa en casa”, dice Majungu. “Mientras lo observaba, supe que ahora éramos bienvenidos”.

Michael Clement da la comunión en la iglesia St. Vincent Pallotti en Nairobi, Kenia. Clement, oriundo de Tanzania, participa en el programa de discernimiento Maryknoll para el sacerdocio. (Paul Jeffrey/Tanzania)

Michael Clement da la comunión en la iglesia St. Vincent Pallotti en Nairobi, Kenia. Clement, oriundo de Tanzania, participa en el programa de discernimiento Maryknoll para el sacerdocio. (Paul Jeffrey/Tanzania)

Sin embargo, esa cálida bienvenida no es correspondida por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. A Mlimira y a su compañero candidato se les ha denegado el visado en tres ocasiones. En respuesta a ello, el Padre Maryknoll Patrick Okok, un keniano ordenado en 2025, fue enviado a supervisar a los candidatos en espera de una visa en coordinación con el Padre Maryknoll Brian Barrons, rector del programa del seminario de Chicago, quien visita Nairobi varias veces al año. 

Por ahora, los dos seminaristas toman clases en línea impartidas desde Chicago, pero no han perdido la esperanza de obtener sus visas. 

Las solicitudes de visa se han vuelto más costosas y laboriosas que en el pasado, y se aplican diferentes reglas según la nacionalidad. A los kenianos se les expiden visas por cinco años, lo que les permite estudiar en Chicago, salir para su entrenamiento en el extranjero y luego regresar a Estados Unidos, explica el Padre Barrons. 

Actualmente los tanzanos no son elegibles para visas de estudiante F-1. Apenas meses atrás podían obtener visas, pero incluso entonces el permiso de reingreso solo era válido por 90 días, por lo que debían regresar a Tanzania y obtener una nueva visa. 

El Padre Waldrep dice que a pesar de estos retos, está entusiasmado con el aporte de los jóvenes africanos a la familia Maryknoll. “Estos jóvenes de Tanzania y Kenia aportan una dimensión diferente a Maryknoll”, afirma. 

El Evangelio es el mismo, pero la forma en que lo predicamos, quién lo predica y las herramientas que utilizan para hacerlo, todo eso ha cambiado”, dice. “Esa diferencia es emocionante. Aportan vida, aportan riqueza, y el deseo de compartir su fe con personas de culturas diferentes a la suya. Y eso es lo que Maryknoll siempre ha hecho”. 

Imagen destacada: Como parte de su discernimiento al sacerdocio, Babluu Ekama Kyamba sirve comida a familias sin hogar en el barrio de Mathare en Nairobi, Kenia, junto a la voluntaria Elizabeth Omollo. (Paul Jeffrey/Tanzania)

Sobre la autora/or

Paul Jeffrey

Paul Jeffrey es un fotoperiodista que trabaja por todo el mundo. Fundador de Life on Earth Pictures, él vive en Oregon.

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