Tras cuatro décadas de servicio misionero, incluso en un seminario católico, la Hermana Maryknoll Miriam Perlewitz sigue apoyando una educación que transforma vidas.
Por Sumon Corraya, ACI Prensa
Durante más de cuatro décadas, la Hermana Miriam Francis Perlewitz ha vivido una vida misionera silenciosa pero extraordinaria en Bangladesh, una nación de mayoría musulmana donde los católicos representan una minoría.
Una Hermana Maryknoll, biblista y educadora, ha formado a generaciones de sacerdotes católicos y al mismo tiempo ha transformado la educación de base para niños de todas las religiones. Hoy se encuentra entre las últimas religiosas estadounidenses que aún sirven en el país y, mientras su avanzada edad anuncia una salida inminente, su historia surge como un raro testimonio de perseverancia misionera, liderazgo femenino y fe vivida desde las periferias.
La Hermana Miriam llegó a Bangladesh en 1985, inicialmente para enseñar la Sagrada Escritura a tiempo parcial en el Seminario Mayor Espíritu Santo de Daca. En ese momento, Bangladesh enfrentaba grandes desafíos: pobreza generalizada, acceso limitado a la educación y altos niveles de analfabetismo. La idea de que una mujer enseñara a futuros sacerdotes —y menos aún en el sur de Asia— era poco común y controvertida.
Sin embargo, lo que encontró desarmó de inmediato cualquier resistencia. “La amabilidad y la actitud acogedora de los estudiantes, así como las preguntas que yo tenía sobre cómo aplicar el mensaje de la Escritura en un entorno musulmán, me conmovieron profundamente”, dijo a EWTN News.
Durante varios años dividió su tiempo entre el seminario mayor de Maryknoll en EE. UU y Bangladesh. Después de que Maryknoll cerrara su escuela de teología, en 1992 la misionera tomó una decisión: permanecería a tiempo completo en Bangladesh. Esa elección marcaría a la Iglesia del país de manera duradera.
Formando pastores en una nación de mayoría musulmana
Durante más de dos décadas, la Hermana Miriam enseñó Sagrada Escritura en el Seminario Mayor Espíritu Santo, formando generaciones de sacerdotes, incluidos hombres que luego serían obispos y arzobispos. Su sola presencia ya suponía un desafío silencioso a las convenciones.
“Ante todo, el hecho de que yo fuera mujer, involucrada en un ministerio considerado propio de hombres, fue cuestionado”, recordó. Al inicio, algunas autoridades eclesiales dudaron. Pero los propios seminaristas defendieron su labor. “Cuando los estudiantes me apoyaron y hablaron a mi favor, las autoridades decidieron permitirme continuar”.
Lo que siguió fue un ministerio profundamente colaborativo. La Hermana Miriam describe sus años en el seminario no solo como formación académica, sino como un camino espiritual compartido. “Nos hicimos ‘uno’ en el esfuerzo”, afirmó, unidos por el objetivo de transmitir el Evangelio —“la buena noticia de que Dios se hizo hombre para que la humanidad vuelva a ser una con Dios”. Para ella, la palabra “hombre” siempre fue inclusiva, abarcando a toda la humanidad.
Su enfoque pedagógico se mantuvo constante a lo largo de las décadas, incluso cuando la sociedad bangladesí cambió. “Creo que la respuesta está en cada individuo. La clave del aprendizaje es descubrir lo que está oculto en lo más profundo de cada persona”, señaló. Crear un espacio donde los estudiantes pudieran hablar abiertamente de sus esperanzas y deseos, afirmaba, era esencial para la fe y la transformación.
Las Hermanas Maryknoll Miriam Francis Perlewitz (blusa rosada) y la fallecida Joan Cordis Westhues (blusa azul), cofundadoras de BACHA, aparecen junto a alumnos adolescentes en 2009. (Sean Sprague/Bangladesh)
Una escuela de valores e inclusión
La visión misionera de la Hermana Miriam nunca se limitó al aula del seminario. En sus primeros años combinó la enseñanza bíblica con clases de costura para mujeres en recuperación de adicciones. Ver su determinación influyó profundamente en su filosofía educativa.
“Ver el deseo de estas almas heridas de superar su adicción me dio el impulso para motivar, animar y transmitir herramientas para alcanzar sus sueños”, explicó.
Esa convicción se expresó con mayor claridad en los años noventa, cuando creó junto a la difunta Hermana Joan Cordis Westhues, un innovador programa llamado “Educación para la Vida”. El plan abordaba autoestima, manejo de la ira, comunicación y responsabilidad personal, temas casi ausentes en la educación tradicional basada en la memorización.
“En un proceso de reforma hay que empezar por el ‘yo’, luego ‘los otros’ y finalmente ‘el mundo’”, explicó. Probó las lecciones con alumnos de la escuela St. Gregory’s de Daca. La reacción de un niño la marcó. “Me dijo que esas clases habían cambiado toda su vida”, recordó con una sonrisa.
Esta visión tomó forma institucional con la escuela BACHA (Curso Alternativo para el Avance Humano de Bangladesh ), una iniciativa educativa inclusiva que cofundó para priorizar valores humanos, pensamiento crítico y habilidades para la vida por encima de la memorización. BACHA que en bengalí significa “levantarse” o “renacer” reúne a niños cristianos, musulmanes e hindúes en las mismas aulas, un testimonio silencioso pero poderoso de armonía interreligiosa.
Como escuela de enseñanza en inglés (un colegio de secundaria de habla inglesa) ubicada en el corazón de Daca, BACHA es también notablemente asequible. Khokan Gomes, padre de un estudiante de sexto grado, dijo a EWTN News que la matrícula es “la mitad que la de otras escuelas en inglés”, manteniendo altos estándares académicos.
“Los niños aprenden inglés rápidamente, desde hablar hasta escribir. Esta escuela es una bendición para personas como yo”, afirmó. Añadió que la disciplina y los valores morales son parte integral de su cultura.
Para el exalumno Sifat Ahmad, musulmán que estudió en BACHA desde inicial hasta los grados superiores (colegio de secundaria), el impacto fue profundo. “No solo obtuve buenos resultados en los exámenes”, dijo, “también desarrollé confianza, habilidades en inglés y cualidades de liderazgo”. Asegura que la escuela lo formó como “una persona global, más allá del logro académico”.
La Hermana Miriam insiste en que la armonía interreligiosa surge de forma natural entre los niños. “Esa es una pregunta que hacen los adultos. Los niños no se diferencian por religión. Son amigos y compañeros en el camino de la vida”, dijo.
Un legado de transformación silenciosa
Ahora, a sus 95 años, la Hermana Miriam es una de las últimas monjas estadounidenses que sirven en el país, lo que refleja tanto su testimonio singular como el cambio en el panorama misionero global.
Mirando al futuro, espera que el legado de BACHA sea colectivo más que individual. “Una persona no puede lograr lo que pueden lograr veinte”, afirmó. Su mensaje a los estudiantes es simple pero ambicioso: con valores y herramientas, pueden hacer de Bangladesh un país “productivo y modelo para las futuras generaciones”.
Enraizada en el carisma de su congregación de anunciar la bondad y la providencia de Dios, la Hermana Miriam llevó esa visión más allá de las fronteras de Estados Unidos. “Quería llevar ese conocimiento de Dios a quienes quizá nunca lo escucharían”, concluyó.
Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
Imagen destacada: La Hermana Maryknoll Miriam Francis Perlewitz señala la pizarra mientras interactúa con los alumnos de BACHA, una escuela donde se enseña en inglés que cofundó en un barrio de Daca, Bangladesh. (Sean Sprague/Bangladesh).
