Animados por el espíritu Maryknoll

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Por: Paul Jeffrey
Fecha de Publicación: Ago 11, 2026

Los Afiliados Maryknoll y una Hermana Maryknoll mantienen viva la llama de la misión en Tanzania.

Por Paul Jeffrey

Agnes Medard se reúne con sus amigas en Mwanza, Tanzania, una vez al mes para rezar, estudiar las Escrituras y discernir cómo responder a las numerosas dificultades a las que se enfrentan sus vecinos. Aportan a esos retos lo que ellas llaman el “espíritu Maryknoll”, que aprendieron hace décadas.

“Las Hermanas Maryknoll dirigían dos colegios a los que asistí de niña”, cuenta Medard. “Nos sentíamos protegidas. Si alguien nos molestaba, la Hermana William les gritaba”, continúa, refiriéndose a la Hermana Maryknoll Josephine Lucker por el nombre religioso que tenía en aquel entonces. “Ella era fuerte y de ella y de las demás Hermanas aprendimos a ser fuertes nosotras mismas. Éramos niñas fuertes que nos convertimos en mujeres fuertes. Ese es el espíritu Maryknoll que seguimos transmitiendo hoy en día”, dice.

Medard es miembro de los Afiliados Maryknoll, una red mundial de laicos que se identifican con la familia Maryknoll y su visión, espíritu y carisma, y siguen activos en su labor en sus comunidades locales.

La mayoría de los miembros del capítulo de Mwanza son, al igual que Medard, antiguos alumnos de los colegios que dirigían las Hermanas Maryknoll. Esas instituciones fueron posteriormente nacionalizadas por el Gobierno de Tanzania y la mayoría de las numerosas Hermanas Maryknoll, que en su día prestaron servicio en este país del África Oriental, se han jubilado o han fallecido.

Los afiliados continúan el legado de las misiones Maryknoll. Administran una pequeña tienda de segunda mano y destinan los ingresos para ayudar a huérfanos y a otros niños vulnerables de la comunidad. Imparten clases particulares a los alumnos y ayudan a las familias pobres con uniformes y útiles escolares. Patrocinan un programa de pequeños préstamos para mujeres emprendedoras. Además, los miembros del capítulo llevan a cabo, de forma individual, diversos proyectos de ayuda social.

“El carisma que las afiliadas aprendieron de niñas las ha acompañado hasta la edad adulta y les ha servido de modelo para comprometerse con la sociedad que las rodea”, afirma la Hermana Maryknoll Janet Srebalus, que ha servido en Tanzania durante gran parte de las últimas seis décadas. Es asesora del capítulo de los afiliados en Mwanza.

“El programa de afiliados está dirigido a laicos que se sienten atraídos por el carisma misionero Maryknoll, pero que no pueden dedicar un año o más a convertirse en misioneros laicos. Son personas muy interesadas en la justicia social, tanto a nivel local como global”, explica la Hermana Srebalus.

Los miembros del capítulo de Mwanza han desempeñado diversos cargos de liderazgo en África Oriental y en todo el mundo.

La Hermana Maryknoll Janet conversa con miembros del capítulo de los Afiliados Maryknoll en Mwanza, Tanzania. A su lado se encuentra Patricia Rutahigwa, quien forma parte de la junta directiva internacional de los Afiliados Maryknoll. (Paul Jeffrey/Tanzania)

La Hermana Maryknoll Janet conversa con miembros del capítulo de los Afiliados Maryknoll en Mwanza, Tanzania. A su lado se encuentra Patricia Rutahigwa, quien forma parte de la junta directiva internacional de los Afiliados Maryknoll. (Paul Jeffrey/Tanzania)

Alvera Kashushura, una destacada educadora, ha viajado por todo el mundo como parte de su labor en defensa del medio ambiente. Afirma que su confianza para comprometerse con el mundo es fruto de su formación en Maryknoll.

“Si las Hermanas no hubieran estado a mi lado y me hubieran hecho fuerte, si no me hubieran dado esa energía y esa fuerza, no lo habría conseguido”, asegura Kashushura.

“Nos dieron la oportunidad de pensar con claridad y tener confianza en nosotras mismas”.

La Hermana Srebalus, que sirve como directora espiritual en la Casa de Oración del lago, un centro de retiros en Mwanza fundado por el Padre Maryknoll James Eble, explica que los afiliados consideran sus vidas como un llamado.

“Todo el que está bautizado está llamado a ser misionero. Todo el mundo, no solo los sacerdotes y los religiosos, está llamado a la misión”, afirma la Hermana Srebalus. “El Concilio Vaticano II ayuda a los laicos a comprender que pueden dedicarse a la misión, y el programa de afiliados les brinda apoyo y ánimo”.

El capítulo de afiliados Maryknoll en Mwanza cuenta actualmente con un solo hombre entre sus miembros. El resto son mujeres, la mayoría de las cuales fueron educadas en su niñez por las Hermanas Maryknoll, quienes insistían en que eran tan capaces como sus homólogos masculinos.

“Cuando era joven, en Tanzania y en gran parte de África, no siempre se animaba a las niñas a ir al colegio. Se suponía que debías casarte y cuidar de la familia”, explica Kashushura. “Pero las hermanas nos decían que podíamos hacer cualquier cosa si estudiábamos con ahínco. A lo largo de mi vida, con todas las penurias y dificultades a las que me he enfrentado, ese espíritu —ese ‘puedo hacerlo’— me ha ayudado a seguir adelante”.

Aunque muchas de las afiliadas han conseguido una impresionante lista de logros profesionales, miden el éxito de sus misiones en las vidas de los demás. “He tenido más de 100 alumnas que llegaron a ser médicas y que hoy sirven en todo el mundo”, afirma Kashushura. “Sus acciones dicen más que cualquiera de mis palabras”.

Una mujer miembro del capítulo de Mwanza no tiene la edad suficiente para haber estudiado en los colegios dirigidos por las Hermanas Maryknoll, pero su madre Getrude Lubasha sí lo hizo, y le transmitió a su hija la pasión por la misión gracias a su contacto con Maryknoll.

Cuando Lubasha se enteró de la existencia de los afiliados, pidió unirse a ellos. Ahora afirma que la experiencia le ayuda a mantener los pies sobre la tierra.

“Ser afiliada me ha ayudado a encontrar la paz. Cuando nos reunimos, rezamos. Compartimos muchas cosas sobre nuestras vidas, sobre los problemas a los que nos enfrentamos”, explica. “He aprendido que no estoy sola, que todas luchamos contra los problemas, pero con un corazón sereno y la oración, podemos afrontarlos”.

Imagen destacada: Las afiliadas Maryknoll Marietha Mazula, Agnes Medard, Alvera Kashushura, Patricia Rutahigwa y Gertrude Lubasha (de izquierda a derecha) aparecen junto a la Hermana Maryknoll Srebalus en Mwanza, Tanzania. El capítulo local de los Afiliados incluye a exalumnas de las escuelas de las Hermanas Maryknoll. (Paul Jeffrey/Tanzania)

Sobre la autora/or

Paul Jeffrey

Paul Jeffrey es un fotoperiodista que trabaja por todo el mundo. Fundador de Life on Earth Pictures, él vive en Oregon.

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